Al ver la expresión solemne de Faustino, Luisa miró a Vicente buscando su opinión.
—Abuelo, ¿debemos permitir que combatan?
—Cuando un discípulo tiene la pierna rota por otro, es natural que el maestro intervenga para defenderlo —respondió Vicente tras reflexionar brevemente—. Mientras no se excedan, dejémoslos luchar.
Vicente había escuchado de Luisa sobre cómo Faustino había hipnotizado a Lorenzo con agujas de plata, y sentía curiosidad. ¿Sería posible que este joven no solo dominara técnicas