El viaje en auto bajo la tormenta fue el catalizador que aceleró lo inevitable. Las conversaciones casuales en la entrada de la escuela se convirtieron en cafés compartidos los fines de semana mientras Joseph y Emily hacían tareas o jugaban en el parque. La complicidad creció al mismo ritmo que la confianza.
Para William, el proceso no estuvo exento de batallas internas. Hubo noches en las que miraba el retrato de Joana en su mesita de noche, sintiendo una punzada de culpa por volver a sonre