La neblina marina que entraba desde el Atlántico se volvía cada vez más densa, cubriendo las grúas pórtico y los contenedores de los astilleros del este con un manto blanco y húmedo. El olor a salitre, hierro oxidado y combustible flotaba en el aire pesado. Carolina caminaba por la pasarela de metal oxidado que bordeaba el muelle de carga principal, manteniendo una expresión de absoluta indiferencia ejecutiva. Llevaba una gabardina negra entallada, botas de tacón alto que resonaban con un eco