El segundero del reloj de pared parecía avanzar con una lentitud tortuosa. Andrea se miró en el espejo del tocador, ajustando los pliegues de su vestido de seda roja, el color favorito de su esposo. Esa noche celebraban su tercer aniversario de bodas. Tres años desde que Alejandro había entrado en su vida como un torbellino de romance, rescatándola de la profunda soledad en la que se encontraba tras la muerte de su padre, el respetado armador naviero.
Sonrió al recordar las promesas que él