El eco del escándalo en el Waldorf Astoria aún ardía en el alma de Bianca Lancaster, como una herida que se negaba a sanar. Las imágenes de Cassian y Willow, expuestas para que todos las vieran, seguían destellando en su mente, junto con las miradas de lástima y los murmullos de la élite neoyorquina. Su corazón estaba hecho jirones.
Habpia pasado una semana después de aquel bochornoso encuentro por lo que Judith, con su rostro demacrado por la culpa y el deseo de salvar lo que quedaba de su fa