—Sí. —Elena asintió con la cabeza, removiendo la salsa una vez más, el vapor empañando ligeramente sus gafas—. Me dijo que estaba intentando descubrir sus orígenes porque la pobre es adoptada y no lo sabía. Y necesitaba saber quién era su verdadero padre. —Frunció el ceño levemente, recordando la vulnerabilidad en los ojos de Bianca.
Isabella apoyó los codos en la mesa, inclinándose hacia adelante con interés voraz, su postura como la de un depredador olfateando una presa.
—¿Y se lo dijiste? —p