El sol de la tarde se filtraba entre las copas de los árboles del zoológico, creando un mosaico de luces y sombras sobre el sendero de piedra. Era un viernes atípico para la familia Di Giovanni; lejos del mármol frío de la oficina y de los planos técnicos de hoteles de lujo, el mundo parecía haberse reducido a la risa cristalina de Emma y la curiosidad silenciosa de Matthew.
Alessandro caminaba con las manos en los bolsillos de su pantalón de sastre, habiéndose despojado por fin de la corbata.