Audrey forzó una sonrisa, aunque por dentro sentía que el aire se volvía denso. Resignada, caminó hacia la salida. Se subió al asiento del copiloto mientras Alessandro se aseguraba de que los niños estuvieran bien sujetos en sus sillas traseras. En cuanto él cerró su puerta y ocupó el asiento del conductor, el espacio se redujo drásticamente. Su perfume, esa mezcla adictiva de maderas nobles y un toque cítrico, inundó el interior del vehículo, atacando los sentidos de Audrey de forma implacable