El sol del sábado se filtraba por los ventanales de la mansión con una ironía lacerante. Afuera, el mundo continuaba su curso, pero dentro de aquellas paredes de mármol y silencios pesados, el tiempo parecía haberse congelado en una tregua armada. Para los pequeños, sin embargo, las sutilezas de la venganza y los contratos legales eran conceptos inexistentes; para ellos, solo existía el aburrimiento punzante de un encierro que no lograban comprender.
—Mamá, por favor, queremos ir al parque de v