Horas más tarde, la atmósfera cambió radicalmente al abordar el avión privado de los Di’ Giovanni. Para los niños, que nunca habían volado en algo que no fuera su imaginación, el jet era una nave espacial de lujo.
—¡Mira, mamá! ¡Las sillas se mueven solas! —exclamó Emma, saltando sobre el asiento de seda mientras descubría los controles táctiles—. ¡Y hay una televisión dentro de la mesa!
Matthew, por su parte, pegaba la nariz a la ventanilla, fascinado por la ingeniería del ala del avión.
—¿A q