—Están emocionados —admitió ella, bajando la guardia por un instante al ver cómo él se aflojaba el nudo de la corbata—. Han hecho preguntas durante años, Alessandro. Aunque te parezca extraño y me odies por habértelo ocultado, ellos deseaban conocerte.
Él se dejó caer en el sillón frente a ella, soltando un suspiro que delataba su derrota temporal ante la infancia. Su mirada recuperó parte de su filo al clavarse en Audrey, aunque el rastro de la mudez aún persistía en las comisuras de sus labio