El aire de Italia parecía haberse impregnado de una magia distinta aquella noche. Ya no era el refugio de una recuperación médica, sino el escenario de un hombre que, tras años de construir muros de hormigón y frialdad, finalmente se entregaba a la vulnerabilidad del amor puro. Alessandro había planeado estas vacaciones familiares con una precisión milimétrica; quería que cada cena, cada paseo por las plazas empedradas y cada mirada al Mediterráneo borraran el rastro de las sombras que los habí