—Bienvenido, señor. El jefe lo espera —dijo uno de los sirvientes en cuanto llegó.
Brandon apenas le dirigió una mirada al hombre. Luego fijó la vista en el edificio que tenía enfrente. Era imponente, elegante y ostentoso, pero para él no tenía nada de especial.
De no ser porque su madre se lo pidió, jamás habría puesto un pie en ese lugar.
Avanzó sin titubear, sin prestar atención a nada a su alrededor. Los sirvientes se movían en silencio por los pasillos, casi invisibles pese a ser tantos. En