—No sabía que ustedes dos se llevaran tan bien —dijo Althea, acomodándose en el asiento para hablar más cómoda con Josh.
El auto se alejó del restaurante sin prisa. Las luces de la ciudad se encendían una por una y sus reflejos se deslizaban por las ventanas. Josh iba callado en el asiento del copiloto, mirando hacia afuera. Al escuchar la pregunta de su madre, volteó hacia ella.
—Eh… no nos llevamos bien, mamá.
Althea entrecerró los ojos, escéptica.
—¿Estás seguro?
Josh asintió.
—Sí. Estoy segu