—No es la primera vez —dijo Josh sin inmutarse—. Cuando era más chico, cosas así pasaban tan seguido que ya perdí la cuenta. La gente siempre opinaba; unos me defendían y otros me acusaban. Había cámaras por todos lados. Cada movimiento bajo vigilancia, cada paso limitado.
Eli tragó saliva.
—Debe de ser muy pesado. Y muy incómodo.
—Así son las cosas —admitió Josh—. La vida sigue, y no puedo quejarme por cualquier cosa. Nada pasa porque sí. Como ahora.
Llegaron sus bebidas. Eli pidió algo más par