A la mañana siguiente, Althea y Josh llegaron a la oficina del fiscal con estrictas medidas de seguridad. Pasaron rápido por los controles de acceso, pero la tensión seguía ahí. Dos abogados los acompañaban. Las cámaras seguían esperando afuera del edificio, aunque lograron entrar sin exponerse a luces cegadoras ni preguntas incesantes.
Daven ya estaba sentado en la sala privada de visitas cuando ellos entraron. Se veía más tranquilo que el día anterior, aunque el cansancio todavía se le notaba