—¿Dónde están?
Arven apuró el paso detrás de Daven, no porque no pudiera seguirle el ritmo, sino porque aún estaba ojeando los documentos que un miembro del personal de Rioverde acababa de enviarle. Por si fuera poco, la reunión de esa noche se sentía demasiado precipitada. Pudo haberse programado para el día siguiente, así que ¿por qué forzarla ahora? ¿De verdad no había otro momento?
—Les pedí que esperaran en la sala de la sucursal, señor Daven —reportó Arven.
Daven asintió.
—Asegúrate de que