La sonrisa de Selena se ensanchó.
—Por supuesto. ¿Por qué no habría de estarlo? —Se hizo un poco a un lado—. Discúlpeme por interrumpir tanto. Sentí que usted debía saber lo que pasó en verdad.
Riana avanzó hacia el interior de la habitación, sin prestar mayor atención a las palabras de Selena. Miró directo a Eli.
—¿Cómo estás, cariño?
Eli sonrió radiante.
—Estoy bien, abuela. Es solo un moretón pequeño, en serio, muy chiquito. Silvia fue rápida para apartarme. Si alguien salió lastimada, fue el