Varios paquetes de condimentos se le resbalaron de las manos a Althea, cuando estaba a punto de colocarlos en su carrito de compras. Ya fuera porque la otra persona no estaba prestando atención, o porque Althea misma se metió en su camino, esas cosas pasaban todo el tiempo.
—Está bien. No se preocupe —dijo Althea, intentando mantener la calma.
Pero en el momento en que sus miradas se cruzaron, se quedó helada.
Jamás podría olvidar esa cara, la que perseguía sus noches en silencio. La cara de una