El hombre titubeó un instante; no esperaba que su arrebato cayera en saco roto.
—Entonces esperaremos —dijo, y se puso de pie. Entrecerró los ojos al mirar a Daven, como si deseara una confrontación.
Tenía los puños apretados y la mandíbula tensa. Había presionado tanto como pudo para provocar a Daven Callister, pero la compostura del hombre no se quebró. Nada salió como había esperado.
El grupo salió de uno en uno. Los dos hombres inclinaron la cabeza ante Daven, con una actitud mucho menos agr