Las palabras de Cale cayeron sobre Daven y lo dejaron sin habla. Le tomó un momento darse cuenta de que había dejado de respirar.
—¿Me… estás escuchando?
—Sí. Claro. —Daven respondió en voz baja, débil. Miraba en blanco la pared de la habitación del hotel, con la respiración irregular pese a sus intentos por mantener la compostura—. Cale —murmuró—, ¿estás seguro de que tu información no es errónea?
—Si tuviera la más mínima duda, no te habría llamado en medio de este caos —dijo Cale—. Harold sal