—Felicidades, la cirugía fue un éxito.
La voz aliviada del médico resonó en el pasillo cuando salió del quirófano. Todos se pusieron de pie de un salto: Riana, Kate, Lydia y Daven, que no se había movido un centímetro del lugar donde estaba parado.
—¿Cómo está Althea? —preguntó Daven enseguida.
—Está fuera de peligro —respondió el médico con una sonrisa pequeña y cansada—. Logramos detener la hemorragia. Y la bebé… es una niña sana, tres kilos.
La emoción inundó el pasillo. Kate rompió a llorar