La mansión estaba en silencio cuando Nehir bajó al salón de mapas que Zeynep había improvisado la noche anterior. En la gran mesa de madera había folios, laptops abiertas, marcadores de colores y un diagrama que empezaba a cobrar forma: círculos que representaban empresas fantasma, flechas que unían nombres, carpetas con sellos de diversos juzgados. Mirza entró tras ella, ofreciéndole un café y deslizándose contra el marco de la puerta, como aprendiendo la lección de estar presente sin invadir.