La ciudad despertó con un rugido contenido. No era el sonido del tráfico ni el canto de los pájaros. Era algo más profundo. Como si Rize respirara con dificultad, como si sus calles supieran que ese día alguien iba a romper el pacto tácito del silencio.
Nehir abrió los ojos antes del amanecer. No por insomnio. Por instinto. El aire estaba denso, como si la noche se negara a retirarse. Se levantó sin encender luces. Caminó descalza por el mármol frío de la mansión Aslan, sintiendo que cada paso