La lluvia comenzó a caer sobre la mansión Aslan como si el cielo también hubiera decidido hablar. Nehir observaba por la ventana, sin moverse. Cada gota parecía marcar el tiempo que le quedaba antes de que Sedat actuara.
Mirza entró con un expediente en la mano.
—Interceptamos una comunicación. Sedat activó el protocolo de silencio. Ya hay movimientos en Estambul. Dos jueces aliados tuyos están fuera de contacto.
Nehir cerró los ojos. No por miedo. Por cálculo.
—¿Y el fiscal Demir?
—Desaparecid