La caja seguía sobre el escritorio. Cerrada. Silenciosa. Pero Nehir no la miraba. Miraba el sobre que había llegado con la nota: “Si quieres saber cómo empezó la red, tienes que mirar a tu primer mentor. El que te enseñó justicia con miedo.”
Sedat Kara.
Un nombre que no pronunciaba desde hacía años. Un nombre que su padre, Halil Karaman, había prohibido mencionar en casa. No por odio. Por algo más profundo. Por algo que ahora, al parecer, estaba despertando.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Mirza,