La madrugada en Rize parecía inmortal. Ni los relámpagos atravesaban aquella neblina densa que se arremolinaba sobre los tejados como una advertencia muda. Y dentro de la mansión Aslan, algo muy distinto al sueño dominaba los pasillos: el sonido apagado de teclas, el zumbido de servidores encendidos, el respirar contenido del poder observando desde la oscuridad.
Cemil estaba solo en el cuarto de seguridad. En la pantalla central, una serie de grabaciones aparecían sin orden lógico. Fragmentos.