Khloe
Lo vi aferrar las manos al volante. Por años lo analicé; me gustaba mucho verlo en las fiestas familiares. Solo dos veces habíamos bailado y fue por desorden de jóvenes en una Navidad. Como dijo él, nunca habíamos hablado, más que temas banales, saludos y agradecimientos.
—Lo siento.
—Aclaremos algo porque no me gusta el teléfono roto. No he vuelto a tener nada con Andrea desde lo ocurrido en Las Vegas. Ella lo escogió a él, y no volveré con ella, pero eso no quiere decir…
—Que tendremos algo.
—Exacto. —El corazón se me puso pequeño de nuevo. No tiene por qué dolerte, Khloe—. No se le puede decir al corazón a quién amar. Lo siento.
—No tienes por qué disculparte. Quedamos en ser amigos. —Espero conformarme con eso. Cómo duele…
—Gracias por la ropa de mi hija.
—También es mi hija, aunque sigo asimilando que ya soy padre. Ante ese tema sí tengo mucha rabia, pero no contigo. Nunca creí que Andrea fuera tan… Egoísta.
—Ya que se aclaró y gracias por no guardarme resentimiento por lo