Enrique Sandoval
Se hizo un silencio absoluto en la sala de la hacienda. Fui espectador desde los monitores; mi padre de alguna manera había cambiado. Melisa me miró y en sus ojos parecía intentar decirme lo mismo. Mi padre era otro, él solía decirnos que solo volvería si le pasaba algo a su familia directa, solo tenía permiso o había pactado eso.
Y yo no pude decir nada. Pasé la mirada del celular a los monitores. Miré los dos mensajes que me habían llegado; uno de Dante y el otro de mi padre.