Sebastián
Mi abuela sirvió el almuerzo. Enrique me hizo el favor de ir por mi hermana Daniela y Melisa estaba en su cuarto. La vieja Claudia no se cambiaba por nadie; no había dejado de consentir a su bisnieta. Y Khloe y yo no habíamos hablado. Vi que tenía la misma ropa… —Fue secuestrada, no tiene ropa. Terminamos de comer.
—Supongo que debemos hablar. —dijo al levantarse.
—Sí, pero debes comprarte algo de ropa. Podemos hablar mientras lo haces. —¿Eres complicada para conseguir vestimenta? —Mierda, detesto eso, jamás acompañé a mi mamá. Y Melisa era una jodona con el tema. Con Andrea… Me los calé por estar enamorado, pero fue un fastidio completo. Sin embargo, ahora debíamos hablar.
—Realmente no. —Alcé mi ceja; eso estaba por verse, porque ninguna de las chicas de la familia era descomplicada—. No me mires de esa manera, Anastasia suele decir que parezco un hombre para comprar ropa.
—Entonces vamos.
La vi besar a mi hija, era evidente el amor que le tenía. Y en el fondo me pareció