Andrea
Ya había aceptado. Le tenía tantas ganas a este japonés. La boca de Haku se apoderó de la mía; mi corazón iba a mil. Me cargó y me llevó hasta la isla. Me acostó y con una agilidad me quitó el pantalón con el interior incluido, acarició mi vulva y se saboreó. ¡Por favor! Este hombre era sensualidad absoluta.
Su mirada era la de un depredador y honestamente deseaba ser su presa. Abrió mis piernas y, a pesar de que sentí vergüenza, no le aparté la mirada. Siento mi cuello y rostro ardiendo