Dante
Eso me hace sentir impotente. La abracé con cuidado. No me gusta verla así, no lo soportaba… No imagino el dolor que debió sentir. Terminamos de bañarnos, ella por segunda vez. La sequé con cuidado, le pedí que se acostara de espalda para echarle las que tenía en su espalda y muslo; eran menos que el gran moretón, el cual le cubría todo el seno derecho y casi le llegó al ombligo. Le di un beso en cada una de sus nalgas. Por primera vez no había morbo, sin duda era más que eso.
—Voltéate,