Sun-Hee
El señor Roland se burlaba de nosotras por estar llorando al ver la conmovedora escena de padre e hijo. Aunque he de admitir que el novio de mi hermana tenía agallas. La señora Verónica estaba sobre sus piernas; el resto de las mujeres de los hombres que hace un momento desafiaban proyectiles se habían conmovido con el bello momento. Hasta yo.
No sé qué me pasaba desde que me enamoré de mi ruso. Miré mi anillo de matrimonio… Ahora pertenecía a una familia, hago parte de este selecto gru