Sebastián
Eran las cinco de la mañana; la luz ingresaba por la ventana. Me deleitaba con la espalda desnuda de Esen, su piel era muy suave. Desde nuestra conversación en la quebrada, no había salido de la cabaña. Acondicionamos una habitación para nuestra hija al lado de la nuestra. La he sentido levantarse más de tres veces en la noche solo para ver si respira.
Y jamás imaginé que entablar una relación de pareja me fuera a gustar tanto. Sin mencionar lo deliciosa que había sido en la cama. Ano