Milena
Dejé los refrescos en la mesa. Ese par, quién sabe en qué baño o lugar, encuentran follando. Me senté con cuidado y eso lo notó mi novio. Ahora no me pareció buena idea perder mi virtud anal antes de venir a esta subasta. Isaac se había quitado los lentes. Se acercó a mi mejilla, acarició con su nariz mi piel y toda se erizó ante su contacto.
—¿Sigues adolorida? Lo hice con cuidado, amor. —susurró muy bajito.
—No voy a responderte.
—Damas y Caballeros.
En ese momento aparecieron los forn