Dante
El asado estaba por ser servido y por fin llegaron los que faltaban. La chiflada a los recién llegados fue en general y, mientras Demetrio sonreía, la pobre Kelebek pasó los mil colores.
—¡Qué! ¿Acaso ustedes no hacen lo mismo con sus mujeres?
—¡Demetrio! —Le advirtió su madre.
—Mamá, solo voy a aclarar algo. Tengo novia y punto.
Abrazó a la turca, quien no tuvo más remedio que ocultar su rostro en el pecho de su novio. Sí deberá armarse de valor para entender, soportar y amar a mi cuñado