Enrique Vargas
Recibir los besos de mi hijo y sentir sus manitas pequeñas, tocar y preguntar algo que no entiendes, pero imaginas que se refiere a si me duele, fue lo más gratificante del mundo. No recuerdo mucho… Salimos de esa casa e iba a montarme en la moto y luego recuerdo el sonido de las máquinas conectadas a mí y el llanto de mi madre y mujer suplicando que no las dejara.
Lo que me pasó me enseñó que la vida es un suspiro, tan frágil… y te das cuenta de que tú no tienes el control de el