Enrique Sandoval
Llegamos a Blanco con una hora de anticipación. Para interceptar al correo humano que enviaba nuestros movimientos. Al llegar, Ezequiel tenía la instrucción de quedarse en el auto; sería el conductor que nos sacaría de este sitio en caso de que llegase a pasar algo. Kevin había ingresado antes para hacer reconocimiento visual.
Luego se quedaría en una mesa y nosotros, faltando cinco minutos para la hora, ingresaríamos. —Mi padrino era quien lideraba esta pequeña misión—. Ahora