Sun-Hee
Habíamos llegado hace unos veinte minutos. Estábamos sentados en la gran mesa, ellos asimilaban lo que Roland acababa de decirles. Estaba sentada en la parte principal de la mesa con mi marido a mi lado, su mano, portadora de nuestra alianza matrimonial, se veía sobre mi hombro. Y esa clase de protección me llenó de calma.
—Jaque mate. —Susurraron más de uno al leer la última hoja.
Aníbal se había puesto en uno de los extremos de la mesa, del lado derecho, y detrás de los hombres que es