Esen
Mi corazón latía más de la cuenta. Sebastián me había dado un beso, luego se alejó un poco, volvió a besarme y se alejó de nuevo.
—No te esfuerces para sentir algo que es evidente, no… ¡No me beses! —Lo aparté de manera brusca. No llores, Esen.
—¿Qué?
—Vamos tarde.
Algo lo había molestado y bastante; se le notaba por la manera de conducir. No llores, no llores. Por lo rápido que iba Sebas, llegamos en corto tiempo. Apenas detuvo el auto, bajé, fui al asiento de atrás para sacar a mi bebé.