Salió del despacho como se sale de las reuniones difíciles: con la espalda recta, el paso medido y una expresión lo bastante neutra como para no regalarle al corredor ninguna pista sobre lo que acababa de ocurrir adentro.
Eduardo pasó junto a ella con una tableta apoyada contra el antebrazo y le dijo algo sobre la reserva de la sala de juntas para el jueves. Alice respondió en el tono exacto, con la economía precisa de sílabas que requería una tarde como esa. Eduardo asintió y siguió de largo.