La foto llegó antes del desayuno.
Eduardo la envió sin texto. Solo la imagen y la hora: 7:52 AM. Alice estaba en la mecedora que Valeria había pedido que subieran la noche anterior, con Max dormido contra el pecho y el teléfono en la mano porque había aprendido ya que los primeros días de maternidad y los primeros días de guerra se parecen en una cosa: nunca se termina de bajar la guardia.
Miró la pantalla.
Era ella.
No adentro. Desde afuera, a través del cristal de la entrada principal del hos