[CASA DE KARL SMITH – MIAMI / 7:12 AM]Alice despertó en una habitación desconocida. Sábanas blancas. Luz gris filtrándose entre cortinas beige. Olor a café recién hecho. Y un silencio que no se parecía en nada al penthouse Walton. Por un segundo, su cuerpo intentó negarlo todo. Después la memoria cayó completa: la suite, Sophie, el salón, el desmayo, la alerta bancaria, la tarjeta de Karl. El pecho se le cerró.Un ruido mínimo de la casa —una puerta, un auto pasando afuera— le sacudió los nervios como si fueran flashes y gritos. Respiró lento, contando en silencio hasta que el temblor cedió y pudo volver a sentir el peso de su propio cuerpo. Se incorporó con cuidado. La mano fue directo al vientre. Seguía ahí, luchando con ella aunque el mundo hubiera intentado arrancarle el suelo. Bajó las escaleras con ropa prestada que le quedaba grande.La casa era modesta. Paredes blancas. Una lámpara antigua. Libros en alemán apilados por todas partes. La casa de un hombre que vivía más entre p
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