Eduardo lo vio entrar a las cinco y cuarto.
No porque Liam Walton fuera difícil de reconocer —no lo era, y menos después de los últimos meses de cobertura mediática—, sino porque Eduardo Reyes llevaba semanas con la instrucción tácita de saber quién cruzaba las puertas del Hotel Miller antes de que llegara al mostrador. Alice no lo había dicho con esas palabras. No hacía falta.
Liam atravesó las puertas de cristal con el paso de alguien que ha ensayado la entrada, pero no el resto. Traje gris,