La primera ofensiva formal contra Max llegó antes del desayuno.
No vino con gritos ni con hombres de traje plantados junto a la cuna. Llegó en la forma que suelen elegir las familias ricas cuando quieren hacer daño sin parecer vulgares: una llamada administrativa, una urgencia fingida, una pregunta formulada con tono de rutina para abrir una puerta que nunca debió tocarse.
Alice llevaba despierta más de lo que su cuerpo estaba dispuesto a reconocer. Había cerrado los ojos a ratos, pero dormir y