A las cinco y doce de la mañana, Natasha Sinclair recibió un mensaje que no debería haber existido.
No era largo. No era dramático. No era siquiera particularmente explícito. Su fuente —una de esas personas que orbitan el dinero ajeno con la disciplina exacta del anonimato rentable— nunca escribía más de lo imprescindible.
03:00 AM. Walton llamó a Miller.
Ella contestó. Duración: 22 seg.
Natasha leyó el mensaje una vez.
Luego otra.
Estaba descalza en la suite del Four Seasons, con una copa de a