Afuera había once cámaras.
Valeria las contó desde el auto porque contar siempre le ordenaba mejor el mundo que respirar.
Once era un número incómodo: suficiente para una portada, para treinta segundos de noticiero, para tres titulares distintos con el apellido Miller puesto donde ninguna de las partes lo había escrito y ambas, sin embargo, iban a utilizarlo igual.
A su derecha, Alice se quitó el cinturón con la concentración exacta de quien sabe que cada movimiento inútil antes de entrar a u