Alice esperó sentir alivio.
Eso fue lo primero que la irritó.
No el artículo.
No el nombre de Natasha Sinclair pegado al de Liam Walton con esa sintaxis limpia y cobarde de la prensa elegante.
No siquiera la hora absurda de la mañana ni el café enfriándose en su mano como si también él hubiera decidido abandonar toda utilidad.
Lo que de verdad la irritó fue haberse dado cuenta, con la precisión poco decorosa de las mujeres inteligentes, de que una parte de sí misma había esperado que la notic