Alessandro guío a sus padres fuera de la pista de baile, hasta el balcón. La brisa de la noche era fría, pero la tensión entre ellos tres era ardiente.
Demian Vieri, frío y con los brazos cruzados, habló primero.
—Tuviste una actuación lamentable, Alessandro. La contrataste para que te salvara de una auditoría, no para que montaras un espectáculo de celos de quinceañero frente a la prensa. La fuerza con la que la agarraste era impropia.
—Esa fuerza fue necesaria —replicó Alessandro, sintiendo l