Alessandro no esperó una respuesta. Su mano se deslizó desde su codo hasta la parte baja de la espalda de Aurora, una presión dominante que la obligó a seguirlo hacia la pista de baile. El vals que sonaba era lento y lujoso, un ritmo diseñado para la intimidad en público.
El cuerpo de Alessandro era una pared de calor y músculo contra el suyo. La cercanía era intolerable, pero también electrizante. Cada toque no era un paso de baile, sino una reafirmación de control.
—Su plan no funciona, Señor